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La moto y el cuaderno. - Sevilla

La Virgen del Dulce Nombre con un crespón en recuerdo de Fernando Carrasco / J. Flores
El primer nazareno será mañana adelantado de la Semana Santa en cualquier esquina de Heliópolis, donde también huele a azahar; en Pino Montano o Bellavista, donde será día grande, y en Triana y el centro, antítesis unidas de noche por el negro. La irrupción de las hermandades de vísperas en el universo de nuestra Semana Santa abrió un debate inconcluso sobre los límites de la misma, a veces centrado en simples cuestiones físicas como la cantidad o las distancias, pero que en otras ha derivado en aspectos más espinosos de índole estético o devocional. Hoy, algunos de los recelos y prejuicios siguen en quienes se niegan y se negarán a abrir la muralla de sus convicciones, pero sin duda las hermandades de vísperas le han ido ganando terreno a los más intransigentes a base de constancia y devoción.
A los que no se dan cuenta de lo alargada que puede llegar a ser la sombra de la Giralda habría que pasearlos mañana por las devociones de esos barrios para que ponderen el mérito de estas cofradías y las dimensiones de su misión evangelizadora. Para que sientan como suya la emoción de quienes esperan el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión como se espera la llegada de un beso en un tren de madrugada. Yo no sé cuántas, cómo y cuándo llegarán a la Catedral y no me importa porque ahora sé que las hermandades de vísperas llegan hoy y llegarán mañana al corazón de sus barrios por la carrera oficial de los balcones tristes, esos que no salen en las guías de la Sevilla de las postales, pero que son reclamo para que miles de sevillanos sepan lo grande, sencilla y diversa que es su ciudad inigualable y contradictoria.
Yo también hablaba con desprecio sobre “la semana santa de los garajes”, hasta que conocí a las hermandades de vísperas a través de las crónicas de Fernando Carrasco. Él fue el culpable de mi conversión y mi hermano Ernesto hizo el resto llevándome por esos barrios de Dios (y nunca mejor dicho). Fernando ahormó mis estrechos ojos cuando le veía en los suyos escrita la crónica de las vísperas y cargado de notas llegaba a la Redacción de ABC hablando cada viernes y sábado con pasión -como siempre hacía-, y con todo lo que le quedaba por contar en una semana, de la belleza de la Virgen de Bellavista, de cómo avanzaba el misterio de Torreblanca o de que aquella guardia judía, que yo intuía una suerte de cortejo de disfraces, era más seria que el Viti y semilla segura de otra hermandad grande en los confines de Nervión. Y sobre todo me convencía cuando escribía del gran poder de la acción social de estas hermandades, cuyo más valioso pan de oro es el que alimenta las almas más hambrientas y perdidas en las grandes avenidas de la soledad.
Por eso, para mí mañana siempre será tu día. Llegada la tarde, Fernando, cargado con su eterna sonrisa inolvidable y su inseparable cuaderno, arrancará la moto, como ya está haciendo en la Campana de nuestra nostalgia, para ir a la gloria de una nueva Semana Santa.
Fuente: Pasión en Sevilla

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