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San Fernando. - "Es un Miércoles Santo que los hermanos esperaban con un anhelo tremendo".

Tras nueve años, la Semana Santa isleña recuperará esta tarde uno de sus momentos más señeros con la salida de Vera Cruz desde la histórica capilla de la calle Patrona.

Mariano Domínguez, hermano mayor de la Vera Cruz, fotografiado en el coro de la capilla, con el paso de misterio al fondo. ROMÁN RÍOS
Hace días que el paso de misterio de la Vera Cruz, austero y monumental, ocupa su sitio en la capilla del Cristo Viejo. Y si uno eleva la mirada para contemplar a la antigua imagen del crucificado -la seña de identidad de ese Miércoles Santo isleño y con solera- pueden verse los remozados techos de madera que dejan al descubierto el prodigioso encanto de la sencillez de este histórico templo que ha sido felizmente recuperado, aunque sea a un alto coste.
Pero las cosas al fin están en su sitio. La Semana Santa de 2017 se ha encargado de ello. Y hoy es Miércoles Santo, el gran día. El miércoles que más han esperado los hermanos cruceros, por el que más han rezado, por el que más han sufrido. "Es un Miércoles Santo muy esperado. Después de nueve años lo esperábamos con un anhelo tremendo", advierte el hermano mayor de esta señera cofradía, Mariano Domínguez Morillo.
EL REGRESO A NUESTRA CASA HA SIDO ALGO MUY GRANDE. ESTAMOS MUY CONTENTOS. AHORA, SÍ" VERA CRUZ SIEMPRE HA TENIDO UN SELLO MUY PARTICULAR EN LA CALLE. Y DESDE LUEGO NO QUEREMOS QUE SE PIERDA"
Es cierto que el regreso se consumó pasadas las últimas navidades, a finales ya del mes de enero. El propio obispo diocesano presidió la eucaristía con la que este templo reabrió sus puertas y retomó el culto. Y La Isla puso rumbo a una Cuaresma muy particular -la de 2017- con un acto que marcó un verdadero punto de inflexión, el vía crucis del Consejo de Hermandades que en esta ocasión presidió la imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz desde esta capilla. Pero el reencuentro definitivo, por decirlo así, se producirá hoy, a las siete de la tarde, cuando las puertas de la capilla vuelvan a abrirse para dejar salir al austero cortejo de los hermanos cruceros, con sus túnicas enlutadas de cola y su fajín de esparto. Será en ese preciso instante cuando la Semana Santa isleña recuperará al fin ese momento único que tanto ha añorado. Hasta el característico sonido de las campanas de la capilla, restauradas y recuperadas hace unos días, volverá a escucharse en la plazoleta mientras el misterio del Calvario -sin acompañamiento musical- inicia su recorrido por las calles de La Isla, buscando la Iglesia Mayor para hacer su estación de penitencia. Eso, que todo vuelva a su sitio, que en Vera Cruz todo sea como siempre ha sido, es el mejor estreno de un Miércoles Santo prometedor que La Isla vivirá hoy de manera muy especial en las calles del histórico barrio del Cristo Viejo.
"El regreso a nuestra casa ha sido algo muy grande", admite el hermano mayor de la cofradía. "Estamos muy contentos. Ahora, sí". Porque afortunadamente los malos momentos -que no han sido pocos en esta cofradía de penitencia- se van quedando atrás y las aguas vuelven a su cauce. "Se respira mucha calma en la hermandad, gracias a Dios", reconoce Mariano Domínguez. De hecho, el regreso a la capilla -era de esperar- ha tenido un efecto más que positivo en la cofradía. Desde enero, ha aumentado la nómina de hermanos y se ha conseguido también incrementar el número de hermanos de fila que esta tarde acompañarán a los titulares de la hermandad. Serán esta vez algo más de 130, una cifra más que aceptable en una hermandad de silencio.
Porque esa es otra de las claves que Vera Cruz ha perfilado en los últimos años, que se hizo patente en el vía crucis que en la jornada del primer lunes de la Cuaresma recorrió las calles y que esta tarde podrá verse por las calles de La Isla "más si cabe aún". Las maneras. "Vera Cruz tiene un sello muy particular. Siempre lo ha tenido y es un sello que no queremos perder. Ahora, además, se está refinando y matizando", explica el hermano mayor. Y es cierto que la hermandad profundiza cada vez más -y mejor- en las maneras propias de una cofradía de silencio, con la austeridad y el romanticismo por bandera. "La verdad es que se está trabajando mucho", señala Mariano Domínguez. Y los hermanos respaldan esa línea. "El silencio también es bonito, aunque no siempre se entienda", apunta. Señala, en realidad, a algunos momentos del recorrido -especialmente su paso por el centro- en los que el recogimiento de la cofradía no tiene correlación con el público de la calle, como sin embargo sí ocurre en otros tramos del itinerario. Esa es, de hecho, una de las asignaturas que La Isla tiene todavía pendiente en Semana Santa.
Fuente: Diario de Cádiz

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