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Sevilla. - Mía.

Misterio de la Estrella / VANESSA GÓMEZ

Lleva puesto el vestido que otra niña estrenó hace dos años. Pero no lo sabe y quizá ni le importe. Ha llegado el día que año tras año espera con ansias en ese deseo clandestino que solo comparte consigo misma. En un ambiente poco propicio la chica de la familia, esa niña de ojos grandes, ha salido capillita. No la bautizaron ni hizo la primera comunión. En su casa se hizo ley la máxima de “cuando sea mayor que ella decida”. Ni siquiera en la periferia existencial en la que habita la transmisión de la fe sirvió como bálsamo o consuelo ante la adversidad.
Es una niña sin móvil, la única de su clase. Por eso los horarios los anota en la hoja de una libreta de papel de cuadritos. Hoy Domingo de Ramos sale a ver cofradías acompañada por alguien, aunque no por demasiado tiempo. A las diez cogen el autobús para volver a casa. Esta semana ella es la dueña del mando a distancia; ni futbol, ni cine, ni series. Esta semana solo se ven cofradías. Cuando todos descansan la niña las ve una y otra vez. La butaca es su silla en la Campana, su papelito con los horarios, una ilusión para hacer realidad en el futuro. Pasa la Borriquita, “mía”; llega Jesús Despojado “mío”; se mece La Paz con su marcha “mía”… Y así una tras otra, en la soledad de la salita con el volumen de la tele bajo la niña de los ojos grandes hace suyas las cosas que le son tan lejanas pero que viven tanto en su pequeño corazón.
No lo sabe y quizá nunca lo sabrá pero esta niña tiene más de lo que piensa. Suya es la ciudad, suyo es el amanecer del Domingo de Ramos, participa de la propiedad de los colores de los cielos de esta tarde, suyo es el beso que deja en el oro de la canastilla, suyo es el olor de los naranjos, el sonido de una marcha de cornetas… En la mesa de camilla está abierto el sobre con las estampas que un año tras otro le han dejado los nazarenos. Y las pequeñas medallas. Y los papeles de los caramelos con el nombre de la cofradía. Mía. Claro que sí, la Semana Santa es tan suya como de cualquiera porque hoy y aquí, las cosas grandes que ocurren cada Domingo de Ramos ni se pagan, ni tienen precio.
Fuente: Pasión en Sevilla

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